José Salazar Salvador
Ginés Alcaraz Garrido · Marzo 2006
Crónica sepia familiar · Salazar Gómez
No tuve la fortuna de conocer personalmente a D. José Salazar Salvador, ya que mi relación con la familia se inició unos cuantos años después de su fallecimiento. Sin embargo, la cantidad de testimonios tanto personales como escritos que he recibido durante estos años, me han hecho formarme una imagen bastante fiel de lo que D. José Salazar Salvador realizó en su intensa vida de entrega a los demás. Me ha causado gran impresión, tanto su implicación total en el servicio a los demás como su profunda religiosidad que le llevó a dedicar gran parte de su tiempo al servicio de la Virgen y de la Hermandad de la que fué fundador en Madrid. Pero mejor será que deje que sean las personas que le conocieron y trataron quienes hablen de D. José, y quien mejor que sus propios hijos, que así lo han hecho en diferentes ocasiones.
GALERíA DE ALMERIENSES ILUSTRES:
JOSÉ SALAZAR SALVADOR
Primer Secretario de la Hermandad de la Virgen del Mar de Almería en Madrid*
Cuando a una persona se le recuerda por sus obras más que por su carácter, por su disponibilidad para con los demás mejor que por grandes éxitos, por su trato humano, esa persona más que un personaje, es un "amigo".Eso es lo que fue José Salazar Salvador, el primer secretario de esta Hermandad de la Virgen del Mar en Madrid, que colaboró con tanto entusiasmo con D. Miguel Granados, D. Pedro Álvarez, nuestro primer consiliario, D. Miguel Vizcaíno, felizmente presente entre nosotros, Paco Gomis y tantos magníficos almerienses que aceptaron dedicar parte de su tiempo a la unión entre los paisanos aquí en Madrid en torno de nuestra Patrona. Quienes, aún niños, fuimos testigos de sus esfuerzos organizativos como secretario (cabe recordar la famosa frase del Conde de Romanones sobre el valor de los Reglamentos), redactando al dictado, en el tesón con que enfrentó a la grave hemiplejia que precisamente en esos momentos truncó su joven madurez, los primeros boletines de la Hermandad, aunando voluntades y afectos, organizando la Hermandad que comenzaba, valoramos aún más el esfuerzo del actual Secretario y Junta Directiva de esta Hermandad de almerienses.
Nacido en la propia Almería el 14 de febrero de 1906, en el seno de una familia cristiana (ese fue siempre su mayor valor) dedicó su vida a la docencia de los más necesitados. En agradecimiento de sus primeros alumnos de Dalias, en los años treinta, un Colegio en aquella zona lleva hoy su nombre, aunque él siempre declinaba amablemente homenajes y honores. Fue concejal y primer teniente de Alcalde de Almería en los años cuarenta, dedicando su esfuerzo (sin cobrar nada, por supuesto, como era norma en aquellos duros años) a la construcción de escuelas, de viviendas protegidas para pescadores y obreros, al control de elementos de subsistencia como la fábrica de harinas y todo ello con la escrupulosa conciencia que es el mejor legado que dejó a sus hijos. Salió de Almería, donde era Jefe de la Inspección provincial de Enseñanza, al ser nombrado Inspector Central de Enseñanza Primaria en el Ministerio de Educación que dirigía Don Joaquín Ruiz Giménez, a principios de los años cincuenta, y desde ese puesto pudo dedicar su "apostolado" docente a toda España, siendo de su pluma (quienes lo conocieron lo saben) muchas de las normas que consiguieron la conversión del país analfabeto anterior al que ahora conocemos. Sus conocimientos y estudios de Derecho en Granada, antes de la guerra civil, y de su pedagogía vocacional se aunaron en logros como el de la campaña de Alfabetización de Adultos, cuyos efectos aún se pueden ver en los Anuarios Estadísticos de los años sesenta que detectan un brusco crecimiento de la tasa de alfabetización en España.
Homenajes tuvo que "sobrellevar" muchos, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, La Encomienda de Cisneros y otros muchos que ni sus más allegados conocemos porque él los agradecía pero no solía hablar de ello. Quizá para él la insignia que más valor tuvo fue la de Presidente de la Acción Católica en Almería o la de la "Adoración Nocturna", y la Cruz más importante fue la que Dios le entregó el 29 de Junio de 1959, un ictus cerebral contra cuyas consecuencias, paralización de medio cuerpo, luchó durante catorce años, trabajando aún así incansablemente, viajando, dando un ejemplo de valor y de fe hasta que se fue apagando inevitablemente y falleció el 12 de julio de 1973 en su Almería natal, a donde quiso ir a morir, con los suyos, sus amigos, su tierra, junto a la Virgen Santísima María del Mar. Sin duda, ese fue el mejor ejemplo, el de la lucha contra la adversidad, que supo dar a los suyos. A los 53 años, cuando le golpeó la enfermedad, ya había declinado importantes cargos políticos, que no despreciaba pero valoraba en menos que su vocación docente y su entrega a los demás. Ya su vida cambio con ella y su dedicación fue a su vocación por la organización de la enseñanza en España, a sus compañeros, a sus amigos, a sus paisanos, a la Hermandad de la Virgen del Mar. Aún hoy nos sorprenden personas que él conoció pero no su familia y que nos descubren hechos suyos y facetas sorprendentes que nunca comentó, y le llaman bienhechor suyo. De verdad que lo fue de quienes le rodeaban, ayudado por la fiel compañía de su esposa Josefa Gómez Orozco, que fue sus manos y sus pies hasta el final, en esta tierra por donde "pasó haciendo el bien", perdón por la cita evangélica.
José y Francisco Salazar Gómez
Así de modesto como toda la familia Salazar, es el subtítulo que a este artículo le dan sus autores, los hijos del personaje que hoy traemos a esta sección. En el Boletín (octubre 1973) al dar cuenta de su fallecimiento y señalar su trayectoria ejemplar, se hablaba de la obsesión que sentía en sus últimos tiempos por acabar su vida en la tierra que le vio nacer, y allí fue a morir, junto a su Virgen del Mar, de cuya Hermandad en Madrid había sido entusiasta fundador. * Del Boletín, según reflejaba un número anterior, se debía “al tesón y entusiasmo de José Salazar Salvador, verdadero artífice en llevar a buen puerto la nave de esta nuestra Hermandad". Por eso terminaba aquella nota necrológica con estas frases, no protocolarias sino muy reales: "En nuestra Hermandad deja un vacio difícil de llenar". Y esto era así por lo que escribió en el Boletín 229 el cofundador y primer Consiliario que fue, D. Pedro Álvarez Soler, al señalar a Salazar como "el instrumento de la Virgen" para aquellas tareas fundacionales.
N. de la R.
Octubre 2002
El pasado 5 de Febrero se celebró en la Iglesia de San Ginés de Madrid, sede de la Hermandad de la Virgen del Mar en Madrid, un Homenaje a los Fundadores de la Hermandad, D. Miguel Granados López y D. José Salazar Salvador, en el centenario de su nacimiento. En el transcurso de estos actos se pronunciaron diferentes charlas sobre los homenejeados. A continuación transcribo las referentes a D. José Salazar Salvador, como el mejor homenaje a su memoria.
José Salazar Salvador
Fiel a Dios
Es difícil en circunstancias como ésta no caer en la hagiografía. Hablar de mi padre, escribir sobre él, es el desafío más difícil que me puedo plantear.
Empiezo por el final.
Son dos imágenes que se han quedado grabadas en mi corazón:
Veinticuatro horas antes de morir, había ido a atenderle espiritualmente el R.P. Linde SJ. su amigo y director espiritual durante mucho tiempo. En la conversación, le pregunta:
- Pepe ¿temes a la muerte?
y él respondió de inmediato:
- Toda mi vida ha estado dirigida a este momento. Confío en Dios y me entrego a su misericordia.
A lo largo de su vida, visto desde ese último momento, mi padre siempre fue fiel a Dios. Esa fidelidad se completaba en su amor a la Virgen, especialmente en su advocación como Virgen del Mar. En su mesa, una fotografía de Ella, permitía que con mirarla, las muchísimas dificultades y pruebas que sufrió y superó se le hicieran leves y ligeras. Y, resultado de todo ello, de su amor por su familia y por sus amigos, desembocaba en su amor por Almería, donde, desde siempre, quiso reposar definitivamente.
Cuando llegó a Madrid, nombrado Inspector Central de Enseñanza Primaria, el 28 de enero de 1952, la añoranza de su tierra, de su gente, le hizo, primero, pensar en el retorno a su tierra, llegando a presentar su dimisión al ministro, Joaquín Ruiz Gimenez pero, "el concepto de servicio por el servicio y mi devoción personal a Vd., que tantas muestras de aprecio me ha dado, y la sospecha de que mi escasa capacidad pudiera ser útil en la organización de la enseñanza española" le obligaron a continuar en Madrid. Entonces, en unión de otros amigos que participaban de esos sentimientos, fueron pensando en algo que uniera esos sus amores, llegando a constituir, en 1958 la Hermandad de la Virgen del Mar en Madrid. En eso, su merito consistió en convencer a los ya convencidos de la necesidad de una Hermandad en Madrid para venerar a la Virgen.
Recuerdo haberle acompañado a una imprenta pequeña, próxima a nuestra casa, para encargar el papel de cartas, los sobres y los "saludas" que sirvieron para ponerse en contacto con todos los almerienses que entonces vivían en Madrid y suscitar en ellos el interés por agruparse en tomo de la Virgen del Mar.
De su amor por Almería y por la Virgen hablan muchas anécdotas. En estos días releía los primeros boletines y tropecé con una necrológica que recogía una experiencia de algunos de los fundadores; hablando del R.P. Ramón BaIlarín,se decía en esa nota "Muchos recordamos de aquellas amanecidas del año 1940, en el que la blanca y señorial figura de este hijo de Santo Domingo iniciara, capacho al hombro, capitaneando una selección de almerienses, el desescombro del santuario". Me consta que cuando sus ocupaciones se lo permitían, él formaba parte de esos "desescombradores" voluntarios.
En Julio de 1973, quería ir a Almería y yo debía ser su "chófer". Mis ocupaciones no me permitieron, hasta el día 9 cumplir con mi compromiso. Al subir al coche, ya muy limitado por su enfermedad, su alegría era visible: cuando llegó a Almería, sintió cumplidos todos los objetivos de su vida: educar y preparar a sus hijos para la vida, conocer su primer nieto... y morir en Almería. Allí le esperaba la Virgen del Mar que, a buen seguro, le cubrió con su manto.
José Salazar Salvador
Quiso acoger a todos los almerienses en la Hermandad de la Virgen del Mar
Agradezco a la Hermandad de la Virgen del Mar, a su presidente y a su junta Directiva la iniciativa de rendir homenaje a los fundadores de la Hermandad, aprovechando el centenario del nacimiento de dos de ellos: Miguel Granadas y José Salazar.
Hablo aquí, y no es casualidad, porque soy el hijo menor de uno de ellos, de José Salazar Salvador, y lo hago con dos sentimientos: de una parte no me siento merecedor del honor de hablar de ellos: voces más capaces me han antecedido y les han rendido cabal homenaje; pero, mi cariño, la fuerza que me otorgan mis hermanos y mi gratitud por la herencia moral recibida, me empujan a hablar sin parar de todo lo bello y enriquecedor que fue la convivencia, en mi caso durante casi veintiséis años, con José Salazar.
Ya he dicho en otra ocasión que puedo caer en la hagiografía: podría hacerla porque cada persona, cada compañero, amigo de la infancia de mi padre con quién he hablado siempre coincidido en destacar su bondad, rayana en la santidad, sus convicciones, su calidad humana. Voy a intentar contaros, en muy breves trazos, mis recuerdos de su vida, aquellos recuerdos que se me han marcado en el corazón.
Mi padre era hombre con muchas vocaciones: se interesó, y mucho, por la educación. Su labor en los duros años desde su primera escuela de Lijar, que se le hundió encima en plena clase, muriendo cuatro niños y quedando él mismo malherido (31 de marzo de 1925), hasta el final, ya en cargos de mas responsabilidad en los que siempre puso por delante el derecho de todos a recibir una educación de calidad y a elevar la dignidad de las personas por la mejora cultural.
Su amor por la legislación le hizo ser admirado por sus compañeros en la Inspección: su prodigiosa memoria le permitía referirse a las normas y leyes educativas desde el siglo XIX hasta la última norma o telegrama remitido por las autoridades.
Su inquietud social le hizo preocuparse por todos los que lo necesitaban. Cuando él empezó el magisterio, había muchos niños capaces que no podían estudiar por falta de medios. Con posterioridad a su fallecimiento mi madre conoció varios casos de personas que le reconocieron que fue mi padre quien les ayudó, incluso con dinero de su bolsillo, a estudiar y mejorar su situación social.
Su vocación por los amigos: repasando sus papeles, me encontré con la lista de compañeros de primer curso de bachiller: desde Miguel Granadas a otros muchos que han sido amigos del alma, todos le duraron hasta su último día. No hizo diferencias por cuestiones ideológicas o religiosas: le bastaba que fueran buenas y honradas personas para que no dudara en ayudar, incluso en situaciones de peligro a sus amigos y a los que lo necesitaran.
Su vocación religiosa: era un hombre de fe profunda, precursor en su forma de vivir su fe de muchas de las cosas que el Concilio Vaticano II generalizó luego. Su Credo era recitado con convicción. En los últimos tiempos de su vida tuve la fortuna de compartir muchas horas de trabajo en común, de acompañarle con mi coche a su trabajo y de conversar con él de estos temas; recuerdo que en una ocasión le comenté que como podía soportar sin rebelarse la enfermedad que le disminuyó tanto físicamente: para mí era inexplicable que un hombre tan fiel a Dios, recibiera como recompensa "eso". Su respuesta fue clara: si he aceptado muchas alegrías y dones como no vaya aceptar esto también. Me refirió su lectura del libro de Job y me dijo que siempre que lo leía, que no eran pocas veces se sentía mas fuerte: Dios le había dado tanto... Desde una esposa que le quería hasta unos hijos que seguirían su camino; desde unos hermanos hasta unos amigos.
Su vocación como escritor: en el ámbito educativo y en otros ámbitos: Su producción fue inmensa, desde textos históricos hasta literarios pasando por los comentarios legislativos, además de su extensa producción periodística. Los últimos años compartíamos un proyecto, que desgraciadamente quedó frustrado: escribir una historia del libro de texto en España desde la ley de Claudio Moyano hasta la Ley General de Educación. Muchas veces me daba apuntes, notas o libros que recibía y me pedía que los guardara para "nuestro libro".
Su vocación "política", porque se interesaba por la suerte de los mas necesitados: era una ideología que no nacía de filósofos ni políticos; tenía sus raíces en la bienaventuranzas y la aplicó cuando tuvo altas responsabilidades en el ayuntamiento de Almena, en la educación o en organizaciones religiosas.
Y, eso sí, sabía utilizar todos los medios para conseguir ayudar a los demás: consiguió que su hermano Alejandro y otros amigos fueran a Dalías a hacer teatro para recaudar fondos para el comedor escolar, consiguió que otra mucha gente se acercara a dar una conferencia, a participar en actividades que pudieran redundar en beneficio de los mas necesitados.
Y, la niña de sus ojos, la Hermandad de la Virgen del Mar en Madrid, desde donde quiso acoger a tantos almerienses que en aquellos años se veían obligados a abandonar su tierra por las más diversas razones: a todos ellos les quiso unir para que se sintieran bien acogidos en Madrid, ayudados, si era necesario y, sobre todo, mantuvieran su amor a la Madre de Dios, la Santísima Virgen María del Mar.
Así, muy brevemente explicado era José Salazar Salvador. Ese era mi padre. Ese era nuestro padre, el que nos dio \a vida, compartida con su esposa, Josefa Gómez Orozco, la gran mujer que acompañaba a ese gran hombre. Mis hermanos, José, María del Mar, Clotilde y yo mismo, os agradecemos vuestra generosidad en escucharme, y os pedimos que como mejor homenaje, hagamos prosperar y mejorar la Hermandad de la Virgen del Mar en Madrid.
Gracias.
Francisco Salazar Gómez
Pero no solo sus hijos son los que hacen el panegírico de José Salazar, sino que también hay muchas otras personas, que le conocieron y vivieron sus obras, las que ponen de manifiesto su admiración y respeto hacia la gran persona que fué D. José Salazar Salvador. Como muestra, a continuación se incluyen las palabras que D. Manuel Rodriguez Martin y D.Gines Alcaraz Garrido pronunciaron en el acto de Homenaje del centenario de los Fundadores.
JOSE SALAZAR SALVADOR, EDUCADOR
He tenido, como tal vez cada uno de nosotros, dos o tres personas que han influido de una manera determinante en mi vida profesional. Una de esas personas ha sido José Salazar Salvador, a quién conocí cuando, con catorce años comencé mi vida laboral en la Editorial Escuela Española, empresa en la que él colaboraba. En mi promoción dentro de la empresa, tenía trato directo con Don J osé cuando me incorporé a la redacción de la Revista Escuela Española, de la que él era Director. Su comprensión, sus consejos llenos de afecto, su mente clara, su bondad sin límites, su inagotable capacidad y entrega al trabajo me sirvieron para orientar mi vocación por el mismo camino.
¿ Quién Era?
Era un magnífico escritor, cuyos "editoriales", actuales, críticos y constructivos, contribuyeron a crear opinión. Periodista integro que puso su pluma al servicio de las causas más nobles y justas. Su interés por todos los temas le convertían en un excelente crítico de libros -la lectura era su gran pasión-.
Era un hombre conocedor profundo de la legislación escolar, cuyo conocimiento puso al servicio de los maestros, atendiendo en Escuela Española personalmente miles de consultas profesionales escritas en sus últimos años con la ayuda inestimable de Dña. Josefa Gómez Orozco, ¡Qué gran maestra y esposa ejemplar!
Esta experiencia le permitía conocer de primera mano las inquietudes del magisterio en aquellos difíciles años, y fue valiente, comprometido e incansable al servicio de la escuela y del maestro. Durante mis dieciséis años a su lado, aprendí a querer y respetar la figura del Maestro y lo que representa, pues no en vano él solía gloriarse de haber sido maestro y haber amado la escuela y los niños.
Entre sus compañeros de la Inspección se le admiraba como "pozo inagotable de conocimientos legislativos" con la ayuda de su privilegiada memoria.
Sus profundas convicciones religiosas, conformaban una persona respetada por su ponderación, su buen sentido, su sencillez y su eficiencia: el talento estaba presente en sus magníficas e inolvidables conversaciones sobre la política educativa del momento. Sus juicios siempre eran certeros y su prudencia para exponerlos, exquisitos. Todas las causas justas y nobles encontraban en él el más valioso paladín.
Su paso por la Inspección central fue recordada por todos los que le trataron, (Coincidió con figuras tales como D. Joaquín Ruiz Giménez, D. Joaquín Tena Artigas, Adolfo Maíllo, Juvenal de Vega Relea, Agustín Serrano de Haro, Alfonso Iniesta Corredor, Antonio -Manuel Arias, Antonio Sanz Polo, Antonio Gil Alberdi, Manuel Garda Izquierdo, Leonidas Gonzalo Calabia, Liborio Hierro, Ambrosio Pulpillo) Joaquín Campillo, María de los Angeles Galino, Francisca Montilla, Aurora Medina de la Fuente, compañeros y subalternos, que 10 sabían hombre bueno, delicado, educado y respetuoso de todas las personas. Por su inteligencia, conducta ejemplar y valores humanos que atesoraba, supo ganarse a lo largo de toda su vida el cariño y el respeto de todos los que colaborábamos con él.
Como Director de Escuela Española, defendió siempre los sagrados derechos de los maestros; sus ideales más vivos, que animaron su existencia, llevaron por todos los rincones de España la luz de la Fe y el calor de la Verdad junto con el apoyo seguro de todas las causas justas.
De todo esto que he dicho, fue evidencia el aluvión de cartas, telegramas, llamadas telefónicas que llegaron a la redacción de Escuela Española con la ocasión de su fallecimiento. Por todas estas razones, don José, mi querido maestro y amigo, que tanto influyó en mi vida, y en la de innumerables educadores, merece un lugar privilegiado en la Historia de la Educación del siglo XX.
Manuel Rodríguez Martín
EN EL CENTENARIO DE LOS FUNDADORES UN PROYECTO SINGULAR DE JOSE SALAZAR SALVADOR
“La memoria histórica es una forma de justicia moral" ha escrito recientemente Carmen Amate que, como experimentada historiadora ha desempolvado archivos para sacar la verdad de interesantes casos históricos que iban ya hacia el olvido. Y por nuestra parte agregamos que el exponer lo que se sabe de un personaje histórico es de obligado cumplimiento para ejemplo y guía de generaciones venideras.
José Salazar Salvador hubiera cumplido cien años el día 14 de este mes de febrero.
Don Pedro Alvarez Soler que conoció la trayectoria de Salazar, antes y después del inolvidable 15 de mayo de 1958, dejó escrito que "el instrumento de la Virgen (para aglutinar a los almerienses de toda la geografía provincial) fue un cristiano ejemplar, piadoso, hijo de Almena y excelente profesional: el Inspector de Enseñanza don José Salazar Salvador. Yo tenía ya contactos con él en el campo del apostolado del Magisterio. Un buen día, al término de la jornada de estudio, me habló de su proyecto: seguir el ejemplo de los almerienses residentes en Sevilla y hacer una llamada a los almerienses residentes en Madrid para entronizar a la Virgen del Mar en la capital de España. Ya contaba él con un grupo de paisanos de gran prestigio profesional y dinámicos: el magistrado juez decano de los de Madrid, don Miguel Granados López y (.......) he de cortar porque el número sería interminable, pero yo guardo memoria de estos buenos hermanos que fueron rindiendo su vida bajo el manto de la Virgen del Mar.
Hagamos aquí unas acotaciones a este párrafo de quien fue el primer Consiliario de la Hermandad y figura eclesiástica muy notable. Don Pedro, tan conocedor del devenir social y religioso de los almerienses en Madrid hacia final de la década de los 50 del pasado siglo, juzga la intervención de Salazar de milagrosa. Es decir, era ciertamente difícil la tarea, pero asequible a un don José Salazar. Y 10 califica de un cristiano ejemplar.... Yo recuerdo en la Almería de mi juventud la personalidad y fama de don José Salazar, donde fue Presidente de la Junta Diocesana de Acción Católica y miembro destacado de la Adoración Nocturna y de la Tercera Orden de Santo Domingo, o sea que tenía buena formación cristiana y muy buena relación con los padres dominicos, custodios de la Virgen del Mar desde su Aparición. Cuando don Pedro nos refiere lo que le expuso Salazar, antes de lanzarse a la aventura de fundar en Madrid una Hermandad de la Virgen del Mar, dice su proyecto. Luego Salazar tenía un proyecto mariano y almeriense que le expuso con todo detalle a don Pedro, que no era persona que se aviniera a entrar en aquel ni en ningún otro asunto sin haberlo estudiado detenidamente, muy a fondo. y que "ya contaba él con...", luego Salazar no estaba solo, había muchos almerienses dispuestos a seguirle y lo siguieron. Recordamos aquí una foto que demuestra ese poder de convocatoria que poseía Salazar, en una de las Misas celebradas en la Encarnación la gente, la multitud hay que decir,ocupaba el templo hasta los pasillos.
Todo lo expuesto en esta nota conmemorativa del centenario del nacimiento de don José Salazar es fruto de haber estudiado y observado durante años el desarrollo de su proyecto.
Don José, dicen sus hijos que la Cruz más importante de las muchas que en su vida recibió fue la que soportó, con entereza cristiana, desde el 29 de junio de 1959, en forma de ictus cerebral, hasta su fallecimiento el12 de julio de 1973 en Almería a donde quiso ir a entregar su alma a Dios junto a la Virgen del Mar que tanto amó y por cuya devoción hizo tanto en Madrid.
Al finalizar una de las primeras reuniones de la Junta Directiva (1958) Don Miguel Granados, en el centro Don José Salazar, el segundo por la izquierda y Don Pedro Alvarez Soler, tercero por la derecha.
Pese a su enfermedad continuó trabajando, entre otras cosas puso en marcha el Boletín, redactándolo en sus más mínimos detalles. El primer número salió el 1de febrero de 1959, que preparó para la bendición de nuestra imagen de la Virgen del Mar, réplica de la Aparecida en Torre García. Es de señalar que aquel hermoso acto celebrado el 18 de octubre de 1959 se postergó varios meses para que pudiera asistir don José Salazar, lo que demuestra la importancia con que siempre se valoró la actuación del fundador. En algún Boletín reciente se publicaron unas fotos de dicha Bendición por el Obispo de Almería Don Alfonso Ródenas García.
A principios de 1960 siendo yo corresponsal de "Pax", de Almería, me concedió don José una entrevista, en la que no hizo mención de su enfermedad, pero sí a lo mucho que esperaba de la Virgen del Mar, de la Hermandad y de sus hermanos. y nos decía que seguía albergando grandes proyectos llenos de ilusión.
Ni él ni yo sabíamos que al paso de los años quien esto firma ocuparía sus cargos de secretario y de redactor del boletín que sigue siendo nexo de unión de todos los hermanos. Pero nunca con la impronta del fundador. Actualmente el boletín de hogaño lo lleva su hijo Paco, que cuando hacíamos aquel reportaje era un niño, eso es el relevo generacional.